A medida que la inteligencia artificial (IA) se consolida como una herramienta clave para optimizar la defensa digital de las empresas, también se ha convertido en una navaja de doble filo: los ciberdelincuentes están empleando exactamente las mismas herramientas algorítmicas para ejecutar fraudes más sofisticados, acelerar intrusiones y personalizarlos a gran escala.
Esta es la principal advertencia expuesta por Leidivino Natal da Silva, CEO de Stefanini Cyber, quien señala que existe un mito peligroso en el mercado corporativo: creer que la implementación de IA es suficiente por sí sola para neutralizar o erradicar los riesgos cibernéticos. «La ciberseguridad debe abordarse como una capacidad integral del negocio, sustentada en la combinación de tecnología, procesos y personas«, enfatiza Natal da Silva.
El factor humano: la grieta que la IA no puede cerrar
Según el ejecutivo, el origen de la mayoría de los incidentes de seguridad no radica en fallas complejas de los algoritmos de defensa, sino en el factor humano y en los hábitos cotidianos dentro de las organizaciones.
Acciones aparentemente inofensivas, como dar un clic en un enlace malicioso, compartir información confidencial por aplicaciones personales sin gobernanza o reutilizar contraseñas corporativas en servicios externos, continúan siendo la principal puerta de entrada para los atacantes.
Esta vulnerabilidad se agrava en entornos de trabajo sometidos a alta presión y sobrecarga informativa, donde los colaboradores suelen omitir verificaciones o posponer actualizaciones de seguridad en búsqueda de mayor agilidad.
A esto se suma el avance de la IA generativa, que permite a los ciberdelincuentes crear campañas de phishing e ingeniería social extremadamente creíbles, capaces de replicar el lenguaje, contexto y tono institucional de directivos y empresas con un realismo inédito.
De la reacción a la ciberseguridad preemptiva
Frente a este escenario, el experto sostiene que la solución no consiste únicamente en depositar la responsabilidad en el empleado o en esperar a que una herramienta detecte la amenaza cuando ya ha ingresado al sistema, sino en evolucionar hacia un modelo de ciberseguridad de anticipación activa o preemptiva.
Este enfoque propone:
- Identificar señales tempranas de riesgo: Analizar anomalías de comportamiento antes de que se concrete el ataque.
- Reducir la superficie de exposición: Limitar los canales no controlados y reforzar la gobernanza de datos.
- Neutralizar amenazas en fase inicial: Actuar preventivamente antes de que el incidente termine en una crisis reputacional o financiera.
Hacia una estrategia integral
Para el especialista de Stefanini Cyber, las herramientas avanzadas, como la autenticación multifactor, las simulaciones continuas de phishing y las revisiones periódicas de accesos, deben articularse dentro de una estrategia global del negocio.
Aunque la inteligencia artificial procesa enormes volúmenes de datos y acelera las investigaciones, su impacto real depende directamente de políticas claras, controles efectivos y talento humano capacitado para tomar decisiones críticas a tiempo. «El futuro de la ciberseguridad no estará definido únicamente por la sofisticación de las herramientas utilizadas, sino por la capacidad de las organizaciones para integrar inteligencia, procesos y talento en una estrategia coherente», concluye Natal da Silva.




